Historia

La historia de Confecciones Benito comienza en el año 1956, aunque sus raíces nacen mucho antes, en el esfuerzo, el oficio y el espíritu emprendedor de una familia.

Mi abuelo, Silverio, siendo todavía muy joven, se marchó a Cuba para aprender la profesión de sastre. Allí adquirió un oficio que, con el paso del tiempo, acabaría convirtiéndose en el origen de nuestro negocio familiar. Aquel aprendizaje, hecho de paciencia, trabajo manual y dedicación, marcaría el comienzo de una historia que todavía hoy sigue viva.

Cuando regresó a Asturias, Silverio se casó con mi abuela Consuelo. Juntos abrieron un pequeño negocio llamado Casa Silverio, una tienda en la que se vendían telas y ropa, y donde también se confeccionaban trajes a medida. En aquellos años, vestir bien no era solo una cuestión de moda: era una forma de presentarse al mundo, y el trabajo de un sastre tenía un valor muy especial.

Casa Silverio fue, desde el principio, mucho más que una tienda. Fue un lugar de trabajo, de familia y de vida compartida. En el negocio colaboraban mis abuelos y también sus hijos: mi madre, Amparo, y sus hermanos Ernesto, Pepín y Soledad. Cada uno, a su manera, formó parte de aquellos primeros años de esfuerzo e ilusión. Con el tiempo, la familia también tuvo que afrontar pérdidas muy dolorosas, como las de Pepín y Soledad, que fallecieron siendo aún jóvenes y dejaron un recuerdo imborrable en todos nosotros.

Años más tarde, alrededor de 1960, mi madre Amparo se casó con Benito, mi padre. Él era camionero y procedía de la zona de La Cándana, en la provincia de León. Tras casarse, decidió ponerse al frente del negocio familiar y continuar el camino que había iniciado mi abuelo Silverio.

Con mucho trabajo, sacrificio y visión de futuro, en 1968 mis padres compraron un local más grande, donde se instaló la tienda que sigue existiendo en la actualidad. Allí ampliaron el negocio y comenzaron a vender todo tipo de prendas de vestir, además de calzado y zapatillas. Poco a poco, aquel comercio fue creciendo hasta convertirse en una tienda conocida y querida en la zona.

Pero esta historia, como todas las historias verdaderas, también tiene momentos difíciles.

En 1980 falleció mi hermana Susana, un año mayor que yo. Había nacido con una enfermedad y nos dejó con tan solo 12 años. Su pérdida marcó profundamente a nuestra familia.

Tres años después, en 1983, cuando yo tenía 14 años y estudiaba interno en el colegio de los Maristas de León, falleció mi padre Benito a causa de un cáncer de pulmón. Su marcha fue otro golpe muy duro, tanto para la familia como para el negocio.

Mi madre Amparo tuvo que quedarse sola al frente de la tienda, con la ayuda ocasional de una prima. En aquel momento dejé el colegio de León y regresé a mi pueblo, Tineo, para continuar allí mis estudios y estar cerca de ella.

Pocos años más tarde, con 18 años, decidí dejar los estudios y ponerme al frente del negocio familiar junto a mi madre. No fue una decisión sencilla, pero sentía que aquella tienda formaba parte de nosotros. Era el trabajo de mis abuelos, el esfuerzo de mis padres y también una forma de seguir adelante.

Con el paso de los años, en 2003 reformé la tienda y decidí darle el nombre de Confecciones Benito, en recuerdo de mi padre. Fue una manera de mantener presente su memoria y de reconocer todo lo que él había hecho por este negocio y por nuestra familia.

Durante años seguí trabajando junto a mi madre Amparo, hasta que ella falleció en 2013. Con ella se fue una parte fundamental de esta historia, pero también quedó su ejemplo: la constancia, la cercanía con la gente y esa forma sencilla y honrada de entender el comercio.

Hoy sigo al frente de Confecciones Benito, manteniendo viva una tradición que comenzó hace más de setenta años. Lo hago con la ayuda de mi hijo Daniel, que representa ya la cuarta generación de esta historia familiar.

Confecciones Benito no es solo una tienda de ropa. Es el resultado de muchas vidas, de mucho trabajo y de muchas personas que dejaron aquí una parte de sí mismas. Es una historia de familia, de esfuerzo, de comercio de cercanía y de amor por un oficio que sigue vivo en el corazón de Tineo.

En Confecciones Benito creemos en el comercio de cercanía, en el trato personal y en la confianza que se construye con los años.

Nuestra forma de trabajar siempre ha sido sencilla: escuchar a cada cliente, aconsejar con honestidad y ofrecer prendas cómodas, prácticas y de calidad, pensadas para el día a día.

No buscamos vender por vender. Nos gusta que cada persona encuentre aquello que necesita, se sienta a gusto y vuelva a casa con la tranquilidad de haber comprado bien.

Somos una tienda familiar, con historia, pero también con ganas de seguir avanzando. Mantenemos la esencia de siempre: cercanía, buen trato, variedad, precios justos y compromiso con nuestros clientes.

Porque para nosotros, la ropa no es solo lo que se lleva puesto. También forma parte de la vida diaria, de los momentos importantes y de la confianza que une a una tienda con su gente.

1950

 Mi abuelo, Silverio, siendo muy joven, se marchó a Cuba para aprender la profesión de sastre. Allí adquirió el oficio y la experiencia que más tarde darían origen a nuestro negocio familiar.

1960

Mi madre Amparo se casó con mi padre. Él era camionero y procedía de La Parte de La Candana, en la provincia de León. Tras casarse, decidió ponerse al frente del negocio familiar y continuar con el trabajo que había iniciado mi abuelo.

Actualidad

Hoy en día sigo al frente del negocio familiar, manteniendo viva esta tradición que comenzó hace más de setenta años, y lo hago con la ayuda de mi hijo Daniel, representando ya la cuarta generación de esta historia.